La Biblia no se avergüenza de mostrar lo que los seres humanos somos. Somos criaturas capaces de crear las cosas más hermosas, pero también las más horrendas; podemos quebrantarnos por el sufrimiento de otros y también celebrar el sufrimiento de otros; podemos clamar a Dios cuando alguien nos persigue, pero olvidarnos de Dios cuando perseguimos.